Cuidar de una huerta o jardín puede ser un acto de amor inagotable, pero también un ejercicio de paciencia frente a los desafíos naturales. Uno de los visitantes más frecuentes —y problemáticos— para urbanistas, huerteros y amantes de los animales es el conejo. Aunque su apariencia inocente y su imagen tierna los ha hecho protagonistas en cuentos infantiles, la realidad en muchas zonas rurales y urbanas de Chile es distinta: ¿Por qué los conejos se han transformado en plaga?
En este artículo exploraremos el porqué de este fenómeno, cómo afecta a nuestros espacios verdes y qué podemos hacer para proteger nuestras huertas sin perder de vista el bienestar animal.
¿Cómo pasaron de ser tiernos animales a una plaga?
Para entender el presente, es clave mirar al pasado. Los conejos no son originarios de Chile; fueron introducidos a nuestro país —y a muchos otros— por seres humanos, primero como recurso alimenticio, luego por sus pieles y posteriormente como animales de compañía. En ambientes ajenos a su hábitat natural y sin depredadores que regulen su población, han encontrado un paraíso para reproducirse.
¿Sabías que una sola pareja de conejos puede tener hasta 50 crías en un año? Esta capacidad reproductiva, sumada a la disponibilidad de alimento en huertas y jardines, explica por qué pronto pasan de simpáticos a invasores. La historia se repite en barrios urbanos y zonas rurales, donde los conejos han colonizado espacios, alterando el equilibrio de los ecosistemas y la tranquilidad de quienes cultivan.
El impacto real en huertas y ecosistemas
No es solo cuestión de perder algunas zanahorias o lechugas durante la noche. Un solo conejo adulto puede consumir hasta medio kilo de vegetación al día. Imagina el daño cuando una colonia entera visita tu espacio verde regularmente. La jardinería urbana y la agricultura orgánica —motivos de orgullo y autocuidado para muchos— se ven amenazadas por la voracidad de estos animales.
Pero el impacto va más allá de la huerta personal. En ecosistemas naturales, los conejos compiten por recursos con especies nativas, degradan la cobertura vegetal y contribuyen a la erosión del suelo. Esto afecta la biodiversidad y pone en jaque la recuperación de especies autóctonas. Vecinos urbanitas y agricultores del sur de Chile han reportado la rápida pérdida de cultivos, evidenciando que ningún rincón está completamente a salvo.
El dilema ético: proteger cultivos y respetar la vida
Es natural que, como amantes de la naturaleza y promotores de la agricultura responsable, sintamos cierto conflicto al hablar de controlar una población animal. ¿Cómo equilibrar la necesidad de proteger nuestras plantas sin perder de vista el respeto por la vida animal?
En Chile Huerta apostamos por la empatía y la responsabilidad. Existen métodos éticos y sostenibles para manejar la presencia de conejos en el jardín, buscando siempre minimizar el sufrimiento y el impacto ambiental. Historias como la de Teresa —una jardinera de aquí de Santiago de Chile que tropezó con pequeños túneles tras ver desaparecer sus plantines— muestran que la solución no pasa por eliminar, sino por convivir y proteger.

Estrategias prácticas y éticas para proteger tu huerta
Si te preguntas cómo mantener tus cultivos a salvo sin causar daño, aquí compartimos recomendaciones efectivas y respetuosas con el bienestar animal:
- Cercos físicos enterrados: Una malla metálica de al menos 120 cm de alto y enterrada unos 20 cm en el suelo es eficaz para detener tanto saltos como excavaciones.
- Plantas barrera: Cultivar hierbas aromáticas como lavanda, salvia o ajo puede ahuyentar a los conejos, ya que no toleran bien sus aromas intensos.
- Repelentes orgánicos: Rociar tus cultivos con mezclas de agua, ají en polvo o vinagre puede disuadir el acceso de conejos sin causar daño.
- Mantener el jardín ordenado: Retira maleza, escombros y montículos donde los conejos puedan esconderse o hacer sus madrigueras.
- Fomentar depredadores naturales: Si tienes la suerte de contar con fauna local como lechuzas o zorros, su presencia contribuirá al balance natural sin intervenciones agresivas.
Andrea, una entusiasta de las huertas urbanas en Rancagua, compartió con nosotros su éxito tras invertir en cercos y plantas aromáticas: “Al principio pensé que sería imposible, pero al combinar barreras y repelentes naturales, ¡mis lechugas finalmente están seguras y sigo viendo conejitos a lo lejos!” Esta convivencia es posible y reconfortante para todos.
¿Qué hacer ante una invasión avanzada?
Si a pesar de tus esfuerzos la presencia de conejos sobrepasa el límite manejable, lo mejor es recurrir a especialistas en control de fauna urbana. Existen técnicas de captura y traslado (liberación controlada en espacios habilitados) que se llevan a cabo bajo estrictos criterios éticos y sanitarios. Es importante informarse sobre la normativa local y nunca recurrir a métodos crueles o peligrosos.
Conclusión
El auge de los conejos como plaga es resultado de su capacidad de adaptación y reproducción, sumada a la transformación de nuestros ecosistemas. Proteger tu huerta es posible mediante estrategias éticas, eficaces y sostenibles, apoyando al mismo tiempo el equilibrio ambiental y el bienestar animal. La conciencia y el conocimiento son tus mejores aliados.
¡Pon en práctica estos consejos y comparte tu experiencia!
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